En 1876, Renoir comenzó a pintar escenas cotidianas de mujeres y niños, temas en los que sobresalió. _Una niña con una regadera_, típica de esta época, muestra un estilo impresionista maduro, adaptado a las exigencias específicas de la pintura de figuras. Los colores de Renoir reflejan la frescura y el resplandor de la paleta impresionista, mientras que su técnica es más controlada y regular que en sus paisajes, con pinceladas uniformes aplicadas con delicadeza, especialmente en el rostro de la niña. Brillantes tonalidades prismáticas envuelven a la pequeña en una atmósfera de luz cálida y transmiten con encanto su inocencia. Se han propuesto varias identificaciones para la niña, pero ninguna resulta convincente. Lo más probable es que Renoir retratara a una niña del vecindario cuyos rasgos bonitos le agradaban. En otras pinturas de Renoir aparece una niña con cabello rubio rizado similar, ojos azules brillantes, mejillas rosadas y labios rojos sonrientes, vestida de la mis...